dilluns, 27 de setembre de 2010

ARTASONA 2010

Y como no hay dos sin tres, después de Salou y Moyuela, a la semana siguiente volver a cargar los bártulos de nuevo y dirigimos al evento medieval de la villa de Artasona situada en el término municipal de El Grado, provincia de Huesca.

Artasona es un pueblo pequeño, de unos pocos centenares de habitantes, sus calles estrechas y sus viviendas ese encuentran a las faldas de su castillo. Pueblo con historia y con encanto aún conserva rastros de su pasado medieval.

El Castillo

El castillo de Artasona se encuentra en la localidad del mismo nombre. Aparece documentado en el siglo XI y Las primeras referencias históricas que disponemos son de 1087, cuando Sancho Ramírez encargó a Sancho Aznaréz de Perrarúa y Pepino Aznárez de Alquézar construir el castillo y repoblar el lugar. Alfonso I le concedió fuero de población en 1134, encargando la tenencia del castillo a Pedro Romeo. En 1261 Jaime I lo incluyó en la baronía de Ayerbe.

A mitad del siglo XV pertenecía a Miguel de Gurrea, y tras su muerte pasó a formar parte del patrimonio de su hermano, barón de Gurrea. En 1464 fue vendido a los Gurrea de Argavieso. Después paso al secretario de Fernando “el Católico”, aunque después su hija, Aldonza, lo reintegró a la baronía de de Gurrea, cuando se caso con su titular. En los Gurrea se mantuvo hasta el siglo XVIII.

En la guerra de Independencia fue tomada por los franceses quienes lo dinamitaron cuando lo abandonaron.

Actualmente se encuentra en estado de ruina progresiva y es de acceso libre. El castillo esta bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.

Descripción:

Situado sobre una elevación sobre el despoblado, los restos de la fortificación que debía ser de grandes dimensiones, con un edificio señorial, de estilo gótico, de planta triangular de 40 metros de lado, flanqueada por un torreón cilíndrico en cada uno de sus vértices. Pero actualmente sólo son apreciables los de la fachada principal, habiendo troneras para piezas de artillería.

Toda la obra es de mampostería recubierta con sillares, destacando la puerta de ingreso, en arco apuntado adornado con molduras góticas.

Para nosotros Artasona se nos presentaba como una gran desconocida, era la primera vez que ARCOFLIS en su largo currículum haría volar sus flechas en tierras oscenses. Nada más llegar nos dimos cuenta de que se trataba de un pueblo pequeño pero con encanto y durante y en los días que estuvimos en él ampliamos nuestra primera definición añadiendo con gente encantadora y de buen hacer ya que se portaron estupendamente con nosotros.

Partimos de Vilafranca del Penedès el viernes envueltos entre rayos, truenos y una incesante lluvia para llegar a Artasona al filo de la medianoche. Allí nos esperaban algunos miembros de A.C.H.A. que se habían montado una pequeña fiesta con algunos de los habitantes del pueblo. Tras los saludos, una vez aparcado el remolque y dejado nuestros enseres en la sala habilitada para dormir, nos unimos a la fiesta hasta bien entrada las ... bueno, que era muy tarde

La mañana apareció soleada y presagiaba un gran día. Perezosamente pero puntuales a nuestra hora nos levantamos de nuestras camas para ir prestos a desayunar a casa de Carmen, una compañera de A.C.H.A., dónde su familia nos acogió muy bien y nos trataron de maravilla los dos días que estuvimos invadiendo su casa. Y así, sentados a la puerta de su casa con la panza llena y más despiertos vimos como los artesanos acababan de dar sus últimos retoques a sus puestos y los músicos de Esfuria Tronadas inauguraban el mercado con sus melodiosos ritmos.

A trabajar toca, de un escenario que había en la plaza montamos dos zonas, una propiamente de tarima y otra a la que le colocamos un toldo encima y serviría de exposición de armas en las que A.C.H.A. efectuaría los "vestires del caballero" en la primera y darían todo tipo de explicaciones e información sobre armas y vestuario en la segunda.
Una vez montado todo procedieron a vestir al caballero. En este caso se trataba de vestir y explicar que tipo de ropa, complementos y armas llevaba un caballero en el siglo XIV. La gente que observaba no perdió ningún detalle de la explicación y asombrándose por el hecho de como una persona podía llevar tanto peso encima con tanto metal como suele ser al llevar una armadura y poder moverse y luchar con ella.


Seguidamente llegó la hora de comer. Una suculenta comida llenó nuestros estómagos de nuevo cargándolos con energías renovadas ya que la tarde iba a ser movida. Nos tocaba lo nuestro, el tiro con arco. Pronto montamos el muro de protección con balas de paja a modo de para-flechas y nos pusimos a practicar un rato con nuestros arcos. Una vez creada la zona de tiro y utilizando globos como diana procedimos a enseñar y dejar tirar a cuantas personas quisieran probasen la sensación de lanzar flechas con un arco. Agradablemente sorprendidos nos quedamos de la buena puntería de la que mucha gente izo gala. Para los niños más pequeños habilitamos también otra zona de tiro pero con flechas sin punta para que no pudieran disfrutar sin hacerse daño.

Acabado nuestro tiempo y para dejar espacio a una nueva actuación desmontamos y recogimos nuestro material. En esta ocasión los miembros de A.C.H.A. se preparaban para realizar dos exhibiciones de combates entre caballeros utilizando diversas armas y que fueron muy aplaudidos por el público asistente.


Entre charlas y refrescos esperamos a que el Sol dejara su lugar de privilegio a la noche y a su estrella la Luna bajo la cual repartimos antorchas entre los asistentes que en comitiva y tras los sonoros tonos de Esfuria Tronadas nos condujeron a la cena de hermandad con el pueblo de Artasona. Otra excelente comida precedida de una entrega de diplomas de agradecimiento por parte de A.C.H.A. que fueron entregados a las persona y entidades que habían hecho posible la realización del evento medieval. Entre ellos uno de los diplomas fue a parar a manos de ARCOFLIS. Nuestro más sincero agradecimiento.

Y nada, salimos de la cena para ir junto con los habitantes del pueblo a la plaza central, en la que se había instalado la taberna, para seguir con los músicos y con nuestras charlas hasta la muy lejana hora de ir a dormir pues algunos ciertamente fuimos los últimos en tal empeño.


El domingo por la mañana tuvo casi la misma rutina que el sábado, quizás más lenta debido en parte al cansancio general que había en el pueblo por trasnochar. Lo cierto es que como el día anterior montamos la exposición de armas y preparamos el escenario para hacer el vestir al caballero. Primeramente se vistió a un caballero templario del siglo XIII que fue muy fotografiado y vitoreado ya que el modelo a vestir era un joven de la misma población. Posteriormente se vistió a un caballero del siglo XIV con su armadura completa mientras que en la exposición de armas no paraban de dar explicaciones sobre tal espada o cual yelmo se utilizaban en cada época, etc, etc.

Ello nos llevo otra vez a la comida, a dejar de nuevo el siglo XIII y volver al XXI, a recoger y cargar nuestros enseres en los coches, a volver a despedirnos de nuestros amigos, compañeros y nuevas amistades hechas en el pueblo y empezar nuestro camino de regreso a nuestras casas llevándonos de Artasona (aparte de sus apreciados productos gastronómicos) un pedacito de ella en nuestro corazón y un gran recuerdo que esperamos repetir en breve.



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