dimecres, 21 de juliol de 2010

PARDINES 2010: I CAMPAMENT MEDIEVAL ARCOFLIS

Por: Jaume Montull Rué


"Corre el año de Nuestro Señor de 1210, la segunda quincena del mes de junio hace presagiar un fin de mes idéntico al de la primera, calor, calor y más calor.

En esa época tropas fieles al señor de Urrea con el mismo don Ruy Ximén al frente, se hallan en tierras del Condado de Gerona peleando contra algunos nobles catalanes descontentos con el poder real.
Noticias inquietantes le llegan a don Ruy Ximén de Urrea de que la conspiración puede haber anidado en su castillo de Peracense por lo que decide junto a sus ya diezmadas tropas emprender la marcha hacía tierras aragonesas para poner a salvo sus propiedades, sus gentes y evitar con ello la posible traición.
Pero el camino no es fácil, los Pirineos y el intenso calor hacen que el viaje sea lento y pesado. Las tropas cansadas de tanto guerrear están agotadas y la poca moral reinante empieza a hacer mella en ellas. A dos semanas de la partida don Ruy Ximén, consciente de todo ello, decide detenerse tres días y dar descanso a sus tropas y carruajes.

Cerca de la villa de Pardines encuentra una explanada justo a la entrada de un bosque, un verde paisaje de fresco ambiente ideal para pernoctar unos días, cazar, beber, descansar y elevar la moral de una tropa a la que aún le queda un largo regreso a casa.

Montados ya los pabellones, apostados los centinelas y encendidos ya los fuegos del campamento, el de Urrea se da al descanso. Al día siguiente atraído por el frondoso bosque que empieza a deshacer las brumas matutinas, decide junto a su guardia personal y algunos soldados salir de paseo e intentar cazar algo con que alimentarse.
Con ese fin penetra en el bosque y llega a un pequeño valle en su interior rodeado de árboles. De pronto desaparece todo sonido, el múrmullo de los árboles, los cantos de los pájaros y se hace el silencio, silencio que se rompe de pronto con el zumbido de una flecha traicionera y el grito de dolor de un soldado que cae al suelo. Pronto los soldados se ponen en guardia defendiendo a don Ruy Ximén de Urrea cuando más flechas impactan sobre sus escudos desde diferentes direcciones. Gritos de “muerte a los Urrea” se oyen de entre la espesura del bosque.


La emboscada esta servida… todos se preguntan… será él, Ximeno Cornel?"

Este es el guión y la base sobre la que durante cuatro días, de jueves a domingo, del mes de junio recreamos parte del regreso del señor de Urrea a su amenazado castillo en tierra aragonesa, lo que podría ser la antesala de Peracense en agosto o un capítulo anterior.
Organizado por ARCOFLIS, contamos con los grupos receacionistas aragoneses de Fidelis Regi y A.C.H.A. que se dieron una auténtica paliza de coche para poder llegar a este rincón privilegiado del Pirineo Catalán. Pero visto el rostro de todos el último día creo que les valió la pena.

El tiempo nos acompañó durante casi todo el evento, calor durante la mañana, temperatura suave por la tarde algo fresca de noche, al que también se dio cita una compañera que desde al año pasado nos sigue a cada evento, la lluvia. Lluvia que solo apareció unas horas el sábado después de comer y el domingo por la tarde cuando casi acabalamos de recoger enseres y nos preparábamos para comer para volver a nuestras casas. 

Algunos llegamos el jueves por la mañana y el resto fue llegando escalonadamente durante el día siguiente. Lo primero al llegar, como siempre, montar los pabellones medievales dónde dormir durante estos cuatro días, así como montar las camas, mesas, banquetas, toldos, etc. y empezar a organizar las comidas.

Recreamos la Edad Media y como tal todas las comidas son de receta medieval cocinadas por turnos entre los tres grupos asistentes. Felicitaciones a todos los cocineros ya que se esmeraron extraordinariamente para que todo estuviera delicioso.

Entre las actividades que realizamos una de las primeras fue a cargo de los arqueros que hicieron un recorrido de bosque. Consiste en seguir una senda por el bosque con sus arcos y flechas dónde a unas distancias determinadas van encontrando unas dianas de 3D con figuras de animales que el arquero debe de acertar para demostrar que es digno de llamarse como tal. Recorrido que fue muy disfrutado por todo arquero que participó.

Mientras en el campamento un grupo de arqueros de dedicaba a competir entre ellos en un terreno menos abrupto. Lanzaban sus flechas sobre dianas fijas en llano y entre animadas charlas y desafíos de habilidad con el arco aguantaban el intenso calor que en esas horas se había instalado en toda la explanada dónde estaba ubicado el campamento.

Otros, más guerreros, practicaban con sus espadas y escudos en la misma explanada bien protegidos para evitar malos golpes o hacerse alguna herida.


Y no queda aquí la cosa pues mientras eso sucedía en el campamento se organizaban partidas de ajedrez, los cocineros preparaban suculentos manjares, se reparaban cotas de malla, se cosían y bordaban telas y limosneras y los maestros de A.C.H.A. hacían bolsas y calzado de piel.

Y así entre buena compañía y animadas charlas íbamos preparando lo que sería el plato fuerte del evento, la emboscada al señor de Urrea y sus séquito planteada para el sábado por la tarde y que fue desplazada al domingo por la mañana por nuestra amiga la lluvia que se quiso dar cita en tan magno evento como he comentado anteriormente.

No vino tan mal un rato de lluvia en tan verde paraje, refrescó el ambiente y nos preparó para el siguiente día que amaneció sin nubes y con un sol radiante.

Los arqueros de Ximen Cornel, enemigo acerrimo del de Urrea, merodeaban en una parte del bosque cerca de la explanada dónde estaba el campamento y se preparaban para un posterior ataque al mismo. Unos niños que jugaban cerca alertados por la presencia de los mismos dieron la alarma al capitán de las mermadas tropas de don Ruy Ximén de Urrea quien pronto se dedicó a la defensa de sus pabellones mandando a sus hombres de armas a repeler al enemigo que ya había adoptado una buena posición de ataque.

Lluvia, pero esta vez, de flechas caían sin cesar sobre los escudos que protegían a don Ruy que costosamente iba avanzando por el prado formando una especie de caparazón con los escudos de sus hombres.

No tardaron mucho en verse sorprendidos por la enorme movilidad de los arqueros que, al desplazarse más ligeros, pronto rodearon y eliminaron a las tropas de don Ruy cayendo también éste víctima de las andanadas de flechas que le llegaban de todos lados.
  

Más no pereció, por fortuna para él ninguna de las flechas hizo mella en sus partes vitales y solo tuvo heridas. Fue apresado escapándose luego con uno de sus sirvientes que permaneció escondido en el bosque durante la emboscada. Llegará don Ruy a tiempo a su castillo de Peracense? eso ya será otra historia.


Unos refrescos más tarde y ya recuperado el aliento después de comentar las anecdotas de la batalla, pionera eso sí en el mundo de la recreación por como se desarrollo, cargamos nuestros enseres en los vehículos, comimos y nos despedimos hasta la próxima ocasión que nos vuelva a juntar.